lunes, 25 de enero de 2016

El matrimonio: Las características

En la entrada anterior, se afirmó que el propósito del matrimonio es la crianza de los hijos. Pero el matrimonio tiene dos características importantes que están subordinadas a ese propósito. Estas son que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y que el matrimonio es una unión permanente. Esta entrada se concentrará en explicar estas dos características bajo la luz del propósito fundamental del matrimonio.

Como un matrimonio tiene que criar niños, se espera que un matrimonio produzca niños. La única manera de producir nueva vida es mediante la relación sexual entre un hombre y una mujer. Entonces, si un matrimonio necesita niños, tiene que estar conformado por quienes puedan procrear. Y como la única posibilidad es entre un hombre y una mujer, resulta evidente que un matrimonio sólo puede estar conformado entre un hombre y una mujer.

La objeción más obvia es que hay matrimonios entre un hombre y una mujer en donde uno o los dos son infértiles. Si estas excepciones se permiten, entonces las parejas homosexuales también deben permitirse. Sin embargo, las parejas infértiles no son excepciones a la definición del matrimonio. Es decir, no contradicen lo que es el matrimonio. Que no puedan tener hijos no significa que no estén orientados a tener hijos. Las parejas homosexuales no pueden tener hijos propios porque su relación sexual no está orientada a ello. Por eso, las parejas infértiles no son un apoyo para el matrimonio homosexual.

Se supone que un matrimonio dure toda la vida. Esta característica se apoya en el hecho del largo tiempo que toma criar un niño. Criar un niño implica acompañarlo durante su vida. Esto toma largo tiempo, e incluso no se limita a la niñez y adolescencia. Cuando un hijo tiene hijos propios, los padres también deben estar ahí. No para criar a sus nietos sino para apoyar a sus hijos en la crianza de sus nietos. Es por eso que un matrimonio tiene que durar toda la vida.

En conclusión, el matrimonio tiene que ser entre un hombre y una mujer porque son los únicos que pueden tener hijos, necesarios para el matrimonio. Este debe durar toda la vida porque el proceso de criar un hijo es muy largo y no se limita cuando está vulnerable. Con esto, se explican las tres características fundamentales del matrimonio. En la siguiente entrada, hablaré de un elemento que falta en esta definición: el amor.

viernes, 22 de enero de 2016

El matrimonio: El propósito

Para identificar algo, hacemos referencia a su propósito. Así, no decimos que la aspiradora es sólo una máquina, sino que decimos que es una máquina que sirve para levantar polvo. De esa manera, la diferenciamos de otras máquinas. Con el matrimonio ocurre algo similar. Sabemos que es un tipo de relación social, pero la diferenciamos de otras haciendo referencia a su propósito. Como escribí en la entrada pasada, el matrimonio tiene como propósito la crianza de los hijos y el apoyo de los esposos.

La primera objeción que puede surgir es la siguiente: la crianza de los hijos no es el propósito del matrimonio porque hay matrimonios sin hijos. Acompañada de esta objeción están varios ejemplos de parejas casadas que no han tenido hijos, a veces por voluntad y a veces no. Sin embargo, la objeción falla porque que algo tenga un propósito no significa que siempre lo cumpla. Que una aspiradora no levante polvo no la vuelve otra cosa. Simplemente, fallar en el propósito indica que algo malo sucede.

Aunque se concuerde con el hecho de que el matrimonio tiene un propósito, es encontrar el propósito lo polémico. La crianza de hijos es el propósito del matrimonio porque un matrimonio implica una relación sexual entre quienes participan en uno. Aquello no debe sorprender a nadie. Se espera que los matrimonios mantengan relaciones sexuales. Como prueba hay que mencionar a la inmensa cantidad de culturas en donde el matrimonio era la única manera moral de mantener relaciones sexuales con alguien. Pero la gente entiende que sexo y reproducción está ligados. Por lo tanto, el matrimonio era la manera en la que las consecuencias de las relaciones sexuales no eran dejadas de lado.


Aún queda mucho qué decir del propósito del matrimonio. Sin embargo, no quiero presentar una entrada larga. Para resumir, un matrimonio tiene como propósito la crianza de los hijos porque en un matrimonio se mantienen relaciones sexuales. La consecuencia más grande de una relación sexual es la creación de nueva vida, lo que significa que el matrimonio evita que una pareja abandone su responsabilidad. En la siguiente entrada, hablaremos de las características en un matrimonio.

lunes, 18 de enero de 2016

El matrimonio: Introducción

Es innegable que, en las últimas décadas, el cuestionamiento al matrimonio tradicional ha aumentado. Incluso, poner el calificativo tradicional junto a matrimonio indica que ha ocurrido una gran divergencia en lo que se percibe como un matrimonio. Sin embargo, el matrimonio sólo posee una definición que lo hace significativamente distinto de otro tipo de relaciones. Y esta definición, por lo tanto, tiene que ser la verdadera entre todas las otras que se proponen.  

Escribir sobre el matrimonio generará su dosis de polémica, pero no se puede acallar el debate por miedo a que se ofendan ciertos sentimientos o a las reacciones que este provoque. Por ello, será mi prioridad escribir claramente sobre lo que creo es la verdadera y única definición posible de matrimonio, puesto que si se desea un debate fructuoso, las partes deben exponer sin temor sobre sus posiciones.

No terminaré esta entrada introductoria sin aclarar la definición de matrimonio que considero la única válida: el matrimonio es la unión permanente de un hombre y una mujer con el propósito de criar a los hijos frutos de su relación y de apoyarse para lograr el propósito anterior. Será mi intención explicar toda la definición y de por qué es la única válida. También, en el transcurso de esta serie de entradas, criticaré las novedosas y equivocadas definiciones que se proponen.   

sábado, 2 de enero de 2016

¿La televisión muere?

Aún no es tiempo de desecharla
Aparentemente, la televisión está muriendo. Aunque los televisores se hacen mejores, lo mismo no está ocurriendo con los canales y los programas que estos ofrecen. Varias razones pueden ofrecerse para este fenómeno: ahora hay mejores opciones, lo mejor está fuera de la televisión. Sin embargo, ¿realmente podemos hablar de la muerte de la televisión? Es decir, ¿realmente la gente está abandonando la televisión?

La respuesta es un rotundo no. Para explicar esta respuesta, hay que delimitar lo que es la televisión. Esta significa el acceso de contenido audiovisual desde la comodidad de tu hogar. Este material audiovisual difiere del cine en que se trata de formatos cortos que se presentan de manera periódica. Así, un programa de televisión se caracteriza por ser de corta duración y por ser presentado en un horario fijo. Sin entrar en más detalles, esto es lo que haría la televisión lo que es. 

Entonces, ¿qué diferencia sustancial hay entre un niño levantándose temprano a ver las caricaturas sabatinas con otro que ve el video que ha subido ese día su Youtuber favorito? ¿Qué diferencia sustancial existe entre una gran cadena de televisión y Netflix o Youtube? Quizá se puedan apuntar a unas diferencias menores: los canales de Youtube suben contenido más frecuentemente, o Netflix ofrece sus servicios de distinta manera. Pero esos son cambios menores, la sustancia no cambia.

Así, aunque caigan los cadenas de televisión, y la televisión de cable desaparezca como la conocemos, no podemos decir que la gente esté abandonando la televisión. Incluso, parece que la gente desea más televisión y que Internet facilita estos deseos. Por lo que se puede afirmar que la televisión no ha sido más fuerte que nunca, y que Internet no es el gran destructor de medios que muchos creen. 

viernes, 25 de diciembre de 2015

El Dios de los huecos

El Dios de los huecos es un razonamiento que intenta insertar a Dios cuando las explicaciones naturalistas fallan. Así, un fenómeno sería causado por Dios cuando las causas naturales no lo explican completamente. Es un razonamiento malo. Que no se pueda explicar algún fenómeno por medios naturalistas no implica que Dios sea la causa de aquel. Por lo tanto, es normal que los ateos sean muy críticos del mismo. Sin embargo, este razonamiento no sólo está presente en algunos creyentes, sino que algunos ateos hacen uso de él de manera implícita.

Muchos ateos afirman que su ateísmo se sustenta en la falta de evidencia de la existencia de Dios. La falta de evidencia puede apoyar la no existencia de algo sin ningún problema. El problema de este argumento, sin embargo, es la definición de evidencia que se da. Cuando un ateo demanda evidencia de la existencia de Dios, él está pensando en evidencia física, es decir, material. Dios tiene que manifestarse físicamente. Pero, ¿cómo un ateo diferenciaría entre Dios y un fenómeno natural? Simple, si el fenómeno no puede ser explicado naturalmente, entonces Dios lo hizo.

Y así el círculo se cierra. Algunos ateos, al igual que algunos creyentes, piensan que la existencia de Dios es demostrada por la existencia de un fenómeno sin explicación natural. A falta de tal fenómeno, Dios no existiría. Pero si el Dios de los huecos es un mal razonamiento cuando los creyentes lo utilizan, es un mal razonamiento cuando los ateos lo utilizan. Es irónico que dos posiciones contrarias puedan hacer uso del mismo razonamiento, pero todo esto tiene una explicación lógica: un presupuesto equivocado.

Este presupuesto equivocado es el de creer que Dios (o al menos, algo que merezca el nombre de Dios) debe responder a preguntas materialistas. Es decir, Dios tiene que explicar fenómenos naturales para poder afirmar su existencia. No obstante, Dios no es una hipótesis científica y tratarlo como tal es un error gravísimo que demuestra un gran desconocimiento de lo que supone Dios. Es por ello que quienes piensan en el Dios de los huecos estarían pensando de manera materialista.

De esta manera, encontramos que algunos ateos y algunos creyentes, al estar bajo una lógica materialista, concuerdan en lo que supondría evidencia para Dios. Pero el materialismo es apoyo más seguro para ateos que para creyentes, por lo que los creyentes deberían abandonarlo. Intentar convencer a un materialista utilizando su materialismo es una tarea que no generará ningún fruto. Incluso, se podría afirmar que se da más valor del que merece